En mi mar

M i m u n d o

martes, 24 de noviembre de 2009

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Navegación de un grumete.
Por Treicy Isamitt


El agua salada agobia mis ganas de seguir.
Las gaviotas gritan formando la geografía de los gustos gastronómicos.
Estar de guardia con esta gente, me genera gripe aguda,
Agonizando intento aguantar el clima.
Gracioso me parece el encargo de este siglo,
Ganar dinero por las riquezas del agua ganada.

Soy un grumete agotado
Jugando a ser un gitano del mar
Mientras hago el guiso para los demás
Pienso en los gorriones que solía mirar.

El olor impregnado de los cuerpos
Me dejan caer gotas de mis ojos.
Veo las cuerdas que giran por el mover de la navegación
Que dejan marcados su canción

Trago el guiso, mientras espero por el aviso
Y por el guatón de mi vecino.
me pongo mis guantes grises,
me preparo para salir a gritar.

Mojado estoy apenas salgo,
A veces quisiera estar en mi hogar
Pero me ahoga pensar que puedan necesitar algo
Sobre todo mis hijos para poder jugar.

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El caminar de una mujer urbana
Por Treicy Isamitt






Fue casi una peregrinación.
Llegar tan alto para ver esta obra planteada por el arquitecto José Luis Uribe, que para llegar a ser nombrado como arquitecto hizo el proyecto Oratoria en el Silencio.
Este fue emplazado en Vilches Altos, muy alto para mi gusto.
José Luis escogió este lugar por ser un espacio digno de la divinidad, pero al llegar cansada y con muchos obstáculos que pasar, me percate que es una obra que no se sabe si fue puesta por Dios o por alguien humano. La duda de la mano que lo hizo siempre queda.
Este es una obra que da a conocer la inmensidad del paisaje, rescatando la madera como material base para su construcción. Esta madera esta muy bien trabajada, el trabajo básico en el material hace que los detalles sean rescatables, haciendo un total impregnada en el paisaje natural.
Cuando lo vi por primera vez, se me vino a la mente la imagen de la obra de Carlos Candia, Tres Paraderos para el Sendero. Lo relacioné por su método constructivo y por la utilización de los materiales del lugar en una obra inusual en el sector, trasformando una zona rural hitos arquitectónicos.
Estas obras y la mayoría de las construcciones de titulo de la escuela de arquitectura de la Universidad de Talca, tienen el lema de llevar la arquitectura donde no la hay. El interés por este tema es muy valorado por las personas que viven en zonas rurales, ya que están pensados para las personas que no son parte de la arquitectura básica.
Lo bueno de esta obra es que tiene la capacidad de resaltar lo divino de un paisaje, haciendo un mirador hacia la inmensidad dando la sensación de estar sobre las nubes, o viéndolo de un punto de vista religioso, estar cerca de Dios.
Pero lo negativo es la lejanía para las personas que quieren ir a conocer, quizás de cierto modo es ventajoso por darse un respiro de la ciudad pero queda tan lejos que no dan muchas ganas de ir.
Para concluir puedo decir que esta obra es totalmente rescatable por los materiales, el paisaje, el estudio previo por parte del arquitecto, y la forma de integrar a la comunidad cercana en su proyecto.

José Luis Uribe nace el 2 de noviembre de 1979 en Talca. Es egresado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Talca el 2007 con su obra Oratoria en el Silencio.
Actualmente se encuentra estudiando en España.

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Oratorio en el silencio.

Llevar la arquitectura donde no la hay.
Esta es la premisa que utilizó José Luis Uribe para fundamentar su obra de título. El proyecto Oratorio en el silencio fue evaluado para graduarse de la carrera de Arquitectura de la Universidad de Talca.

José Luis Uribe nace el 2 de noviembre de 1979 en Talca, y es egresado de la carrera en el 2007.

Su egreso se destacó por el lugar tan extremo de emplazamiento, específicamente se ubicó en Vilches Altos, el Morrillo. Este lugar se caracteriza por la ausencia de arquitectura, donde sus cercanos son campesinos y arrieros que viven de sus tierras y del turismo que se acerca por ser Monumento Nacional. La intervención se hace en la cima de un cerro, que tiene la característica especial de la visualización de la neblina, el cual aporta una condición divina al lugar, dando la sensación de estar sobre las nubes.
Las personas cercanas usan un espacio en el terreno como oración, por esto uno de los campesinos talló en madera un cristo que empotró en el suelo del lugar.

Por estas razones, el arquitecto unió el concepto lugar divino con la necesidad de la oración, con un espacio especialmente para encuentro con Dios desde la naturaleza.
Para este lugar de oración se ubicó una placa en el suelo que nace en el Cristo y se proyecta hacia la inmensidad del paisaje natural que se quiere rescatar. Esta placa es dividida en tres partes, una de ellas es el altar que se ubica en la zona del Cristo tallado; al seguir se encuentra el sector de los fieles, que se forma por asientos que sirve para los seguidores de Cristo; el ultimo lugar es un mirador, que nace por el termino de la placa que sirve para contemplar la inmensidad, la soledad y la divinidad de la zona.

La construcción de este espacio celestial se arraiga al lugar y no lo invade, si no que es parte de la naturaleza. Para generar esto se usa una materialidad propia del lugar, la madera. Este material es reciclado, como el roble, el pino y piezas de madera encontrados en el sector.

Este oratorio en el silencio ha sido bien recibido por los lugareños, incluso mucho de ellos ayudaron para la construcción de este. Esto mismo pasó en la elaboración del proyecto tres paraderos para el sendero, del arquitecto Carlos Candia, el cual también era de madera, pero aprovechaba las piedras que se rescataban del lugar. Este manejo de piedras la sabían unos arrieros que trabajaban con este material, por esto se comenzó a usar la habilidad del lugareño para aportar en la construcción de una obra que los beneficia netamente a ellos.

Oratorio en el silencio, y otras obras de titulo ha sido un aporte socialmente. Por esto la comunidad del Maule, sobre todo la zona rural ha sido fortalecida por este tipo de construcciones, formando hitos importantes dentro de la región que fomentan al turismo y a la conservación del territorio.

Treicy Isamitt L.

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Yo fui la que maté a mi amiga
Por Treicy Isamitt





¡Corre, corre! Escuchaba que gritaban desde lejos, era mi vecina, mi amiga de hace años. No entendía que pasaba solo podía ver un montón de gente corriendo, gritando, llorando y cayendo al suelo sin sentido. Mi amiga pasó por mi lado y al ver mi confusión me tomó de donde pudo y jalo de mí para que empezara a correr junto al grupo. Lo logró. Me puse a correr como nunca junto a mi compañera de vida, no sabia que estaba pasando pero sus ojos me decían que debía hacerlo hasta no dar más. Encontramos un callejón, y nos metimos junto a un par de niños mas nos metimos adentro de un basurero y cerramos la tapa hasta sentir la repugnancia del lugar. Al retomar el aire que me faltaba observe como pude a mi amiga para preguntar que sucedía, pero sus huesos me hicieron cambiar mi pregunta a ¿Por qué estas sin ropa?. Ella me respondió sin gesto alguno en su rostro, que se estaba bañando en el río y tropezó con una roca y en ese momento sintió que exploto algo y vio salir a los soldados entre los árboles, desde ahí que no paro de correr. Su relato fue interrumpido por unos balazos que estaban muy cerca de nosotras, solo nos permitíamos respirar cuando nos sentíamos ahogadas.
Por un momento no sentimos nada, ni gente corriendo, ni llantos, ni balazos, nada, solo el silencio desolador.
Decidimos salir del basurero que nos contenía, quitamos la fría tapa muy lentamente, sacamos los ojos para ver si encontramos a alguien, no había nadie.
Mi amiga y su desnudes, se bajaron lentamente casi en la punta de los pies y luego me salí torpemente encontrándome de cara con el suelo.
Junto con los demás niños salimos para nuestras respectivas casas, estábamos casi agachados como escondiéndonos de algo, algo que nunca e logrado entender.
Al dar vuelta una casa divisé a mi mama en el fondo, de ahí le grite ¡Mamá! Ella con un gesto de felicidad y angustia me hace callar.
Salgo corriendo para encontrarme con sus brazos, mi vecina de siempre me sigue detrás, sentí un balazo tan cerca mío que creí que yo salí herida, no me dolía nada. Me detuve con miedo, gire lentamente y ahí estaba la niña con su inocencia al descubierto tirada sobre el suelo con una gran mancha roja en su columna.
Mientras pensaba en que mi llamado a mi mamá había matado a mi amiga, se acerca un soldado, se queda mirándome, solo decidí cerrar los ojos.
Sentí algo frío en mi frente, solo alcancé a escuchar el grito agónico de mi mama. Desde ese segundo no supe más del mundo.

Texto_5

M a n o f r í a .
Por Treicy Isamitt




Solo se podían distinguir pequeñas lomas con sus árboles talados y un tipo de vegetación que había visto antes, era como si estuviera intervenido por algo en el ambiente.
De un momento a otro las horrorosas lomas se abrieron paso para darme a conocer algo más desagradable aun.
Era una serie de galpones de madera vieja, parecía una fábrica; pero no tenia relación alguna. Era una cámara de gas, esas que se usan los nazis de estos tiempos para matar a los que no entran en su exclusiva categoría.
Al principio me causo impresión de que por casualidad me tope con este escenario dramático. Pero luego la nostalgia me invadió, y de lejos me detuve para a esos hombres apilados, como si fueran un desecho.
La blancura de sus pieles al sol dejaba más en claro cada uno de sus huesos del cuerpo.
Se notaba en sus rostros sin alma, un gesto de dolor incomparable.
Al notar todos estos detalles decidí acercarme aun mas, obviamente muy cuidadosamente para que no me descubrieran, no debía estar en ese lugar.
Solo alcance a estar cerca de uno de los cuerpos y al estirar mi cuerpo pude tomar una de sus frías manos, fue un segundo de dolor y desesperación. Sus falanges se incrustaban en mis manos, la tierra opacaba la blancura de su cuerpo, su cara expresaba el dolor de la injusticia, el deseo de vivir, la esperanza de estar mejor.
El helado de sus dedos, me hicieron devolverme a mi camino. Lentamente me retire del lugar, haciendo el menor ruido posible para que alguien le diera algún tipo de respeto a esas almas perdidas.
En mi silencioso camino aun lograba sentir los gritos desde esos galpones racistas.

martes, 27 de octubre de 2009

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Mi suelo.
Por: Treicy Isamitt









Necesito pararme.
Quiero poder sentir la brisa sobre mi piel, respirar profundo y sentir el aroma de las flores amarillas que veo difusamente un poco más allá.
No logro pararme, me duele el cuerpo. Mis piernas las tengo tiesas, pero mis dedos tratan de no tocar el frío y rocoso suelo.
Mi familia no esta cerca mío para quitarme este cansancio que acumulo de hace años por mi trabajo, tanto tiempo de barrendero.
Barrer más de veinte años este suelo con hojas rojas de los árboles, que ahora estando desde el suelo puedo tocar para sentir la textura y los pequeños vellos que protegen a estas hojas, en cambio yo, completamente desnudo sin ropa que me proteja como los vellos a las hojas.
Estar tirando en mi suelo no es tan malo como lo creía. Estar cerca de lo que siempre miraba desde lejos me causa un poco de nostalgia y felicidad, pero creo q abrazar la tierra de este modo me da la energía para seguir vivo.
Me comienzo a estirar cada vez más, desde mis brazos hasta mis piernas. Trato de hacerlo lo que pueda para poder tomar toda la energía del suelo que limpio cada día, siento el frío que me entrega, cada una de las hojas rojas se apegan a mi cuerpo desnudo, como si cada una de ellas me vistieran.
Dejo que la gravedad me lleve y me dejo estar sobre el suelo, es tanta mi emoción que comienzo a gritar para sacar todos mis malos momentos por la boca, tirar al aire esas energías que me tienen saturado.
Nutrido me siento, descansado.
Mi cuerpo se siente libre, por eso sin miedo me paro frente a todos. Lo hago lentamente, me despego despacio para dejar de sentir de a poco el suelo contra mi cuerpo.
La penumbra que tenia sobre mi se transformó en una luz brillante, el sol esta mas alto que nunca.
Mi cansancio se convirtió en una tranquilidad que tanto esperaba, cada uno de los detalles de las cosas en que trabajo me hizo enamorarme aun más.
Estar sin trapos frente al frío de mi lugar, me ayudó para estar mas vivo.
Se los recomiendo, pido que cada uno de los lectores se enamore de su trabajo para poder sentir la luz tibia sobre sus cuerpos desnudos.

sábado, 24 de octubre de 2009

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Doña Camila,
La profesora con el jardín de flores amarillas
Por: Treicy Isamitt




En un día nublado con un poco de frío, decidí salir a hablar con la vecina. Toqué su timbre. Mientras espero su llegada miro su antejardín con muchas plantas, un poco de flores amarillas en el borde de su ventana y la manguera tirada en el pasto.
La vecina llega a abrir la puerta un poco desconfiada de quien puede ser, viste un pantalón suelto de un tono claro y con unas pantuflas de perro caricaturesco. Doña Camila tiene alrededor de 45 años, tiene una vida un poco agitada por ser profesora en un colegio cercano. Comienza diciéndome con un tono de timidez “disculpe vecina la pinta pero estaba tirada en la cama”, como dándome excusas por su vestir.

Doña Camila, ¿Usted tiene algún malestar o siente descontento por algunos hechos ocurridos en el barrio?

“Si, ya e tenido un par de problemas con esos jovencitos que se paran en la esquina en grupitos. Siempre que paro para tomar el colectivo me gritan algo por ser un poco gordita, incluso un día muy tarde intentaron robarme la cartera. Por suerte no pudieron, justo venia un carabinero, era mi esposo y ahí usted sabe lo que paso todo el barrio vino a ver que pasaba.”

¿Cree que este lugar necesita más seguridad o algo que le falte a la villa?
Yo creo que si un poco mas de seguridad sobre todo a la salida de los colegios y en estas plazas que no tienen nada. Además de la seguridad deberían existir más lugares de descanso como plazas decentes donde vayan niños y no delincuentes, cosas de esas.

“Mientras la vecina me responde sale desde la casa un perro chihuahua café con todas las ganas de morderme. Antes de acercarse a mí, la señora le pega con su pantufla de perro y sale corriendo chillando un poco, de lejos me mira con cara de rabia”

Vecina, ¿el barrio es el mismo a lo largo de todos estos años?

“Ha cambiado un poco, además han llegado nuevos vecinos unos buenos y otros malos pero así pasa. Y no me relaciono mucho con los otros vecinos no son muy agradables pero la mayoría son buenas personas, me cuidan la casa cuando no estoy y me riegan las plantitas”

Por los ruidos de los autos y las micros que pasan por fuera de la casa, además del gruñir del perro que me mira a lo lejos. Decido terminar la entrevista justo cuando la hija de doña Camila la llama desde la ventana con un tono de histeria. Al despedirme, la vecina me desea unas buenas tardes y que me cuide por el clima cambiante y extraño.